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ESTO NO ES AMOR

¿Esto No Es Amor?

En los inicios de una relación, aumentan las ganas de estar juntos, de compartir experiencias y de intercambiar cariño dentro de situaciones más íntimas. Es un proceso de conocimiento del otro, de encontrar metas, aficiones que cumplan las expectativas de lo que queremos de la relación. ¿Pero qué ocurre cuando estos momentos de cariño, se vuelven obsesivos, formando una necesidad imperiosa de que la relación funcione, no poniendo límites que eviten que ambas partes se perjudiquen? Es en ese momento cuando aparece la dependencia emocional.

ESTO NO ES AMOR

La dependencia emocional se define como “un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intenta cubrir desadaptativamente con otras personas” (Medina, Moreno, Lillo y Guija, 2014). La persona dependiente muestra una necesidad desmedida de afectividad hacia otra persona, operando con mecanismos similares de refuerzo positivo a otras adicciones, pudiendo realizar conductas incontrolables y nocivas (Castro, 2022). Tras una ruptura, el dependiente emocional puede mostrar sintomatología depresiva y ansiosa, así como manifestar un fuerte deseo de contacto y recuperar la relación, hablamos pues de un síndrome de abstinencia. Estos síntomas sólo desaparecen si accede al elemento adictivo, en este caso, la persona de la que depende (Castaño, 2019).

Al final de la etapa de la adolescencia, donde se inician las relaciones más íntimas, estas actitudes pueden darse por varios factores, pero lo que más eco tiene es el mito del amor romántico, ese amor idílico que parece ser que todos debemos conseguir. Afirmaciones como: «somos uno», «Estamos hechos el uno por el otro», «El amor lo puede todo», «Si siendo celoso es porque me ama», «Fui amor a primera vista», «no tengo ojos para nadie más”, “polvo opuestos se atraen”, no dejan espacio a ser personas independientes del otro, afirmando que son responsables de la felicidad de la pareja, corriendo el riesgo de perder la identidad propia, sintiéndose se cumplidos sólo con esa persona. De la misma forma que se puede llegar a permitir y tolerar comportamientos corrosivos por parte de la otra persona (Castro, 2022). Otras razones son una posible baja autoestima, miedo a la soledad o estado de ánimo negativo.

Las personas dependientes no imaginan un final para la relación, ven a la persona como “suya”, pensando que no se puede vivir sin el otro, presentando un deseo continuo de acceder a ella, hace regalos desmesurados, favoreciendo una relación asimétrica. Pueden responder de forma agresiva de no conseguir cubrir su percepción de cariño necesario para mantener el vínculo, o bien, evitando el conflicto, autoengañándose y negando la situación dañina. Muestran distorsiones cognitivas del tipo “Deber” tanto por su parte como de la otra persona, que les lleva a exigir y dar una atención constante, que normalmente es insatisfecha, ocasionando en ellos una sensación constante de fracaso (Castelló, 2005; Lemos y Londoño, 2006 citado en Lemos, Lodoño y Zapata, 2007).

¿Cree que las redes sociales influyen en esta dependencia emocional? Según Rosa Fernández, las nuevas tecnologías como las redes sociales y WhatsApp, favorecen la aparición de casos con dependencia emocional: «Ahora siempre existe la posibilidad de saber algo sobre la otra persona» (Gabinete Psicológico, Mataró, s.f.). También afirma que, las personas dependientes, se dan cuenta de la relación perjudicial en la que están, reconociendo a la persona tóxica, pero al intentar romper con el vínculo, no pueden (ABC, 2015). Las redes sociales suponen una dificultad añadida a la “deshabituación” a la adicción que sienten por esa persona, convirtiendo esta dependencia en un acto más impulsivo, puesto que tienen un contacto más directo y rápido con el agente adictivo. Antes, cuando se acababa una relación se realizaba un período de duelo en el que ambas partes perdían el contacto, favoreciendo el hecho de pasar página y aprender de la relación vivida, ahora esta posibilidad puede omitirse (Valero, 2015). Redes sociales como Facebook pueden jugar un papel importante en este aspecto, ayuda a mantener y desarrollar el cariño de las relaciones de pareja, reafirmando el compromiso en la relación, ahora bien, si existen altos niveles de celos o inseguridad, se convierte en un factor contraproducente por la relación, o por la finalización de la etapa (Lozada y Gordillo, 2021). Estar continuamente conectados y recibiendo información sobre la otra persona, fianza la adicción de la persona dependiente.

Imaginemos que somos una persona emocionalmente dependiente, que necesitas tu dosis diaria del otro y que no puedes obtenerla porque la relación ha finalizado. El hecho de poder ver su actividad en redes como Instagram o Facebook puede provocar un efecto nocivo, ya que nos puede hacer cometer conductas inapropiadas, como seguir a la persona, juzgar con quienes están, y sobre todo, hacernos daño a nosotros mismos. Pensamientos como: deberíamos estar juntos, debemos ser uno, debe ser mío/a, si me hubiera esforzado más estaríamos juntos… Hacen que se entre en un círculo vicioso que no hace otra cosa que alimentar esta dependencia .

Si leyendo este artículo te has sentido identificado intenta identificar la adicción, entrena tu asertividad, el poder saber decir que NO, trabaja tu autoestima y tu autoconcepto, mejora tus habilidades sociales, y evita la tentación de mirar las sus redes sociales. Piensa que lo más importante es aprender a amarnos a nosotros mismos, si esto se consigue, amaremos de forma sana y funcional a los demás.

-“Si no aprendemos a soltar, si no dejamos ir, si el apego puede más que nosotros y nos quedamos ahí atados, pegados a esos sueños, fantasías e il·lusiones, el dolor crecerá sin parar y nuestra tisteza serà la compañera de ruta” – Jorge Bucay –

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